Libros

Periodistas para revelar lo oculto

El viernes 14 de marzo a las 21:00 se presentó en La Mercería Café Cultural el libro Periodismo de inmersión para desenmascarar la realidad (Comunicación Social, 2013), de Antonio López Hidalgo y Mª Ángeles Fernández Barrero. CdG acudió a la cita a pesar de los obstáculos y esto fue lo que escuchó de sus creadores.

Fernández Barrero | © César Caso, 2014

Dice Leila Guerriero que una crónica es lo contrario de una noticia: la historia que cuenta quien ha llegado tarde y se toma su tiempo para ver, entender y contar lo que ha visto. La inmediatez que hoy se exige al trabajo de los periodistas de los grandes medios, cuyos superiores desde los despachos de la redacción quieren el dato para ayer, choca con esa visión de la profesión que entiende que informar es mucho más que ofrecer un titular o las claves básicas de un hecho en no más de 140 caracteres. Antonio López Hidalgo y Mª Ángeles Fernández Barrero tratan de reivindicar esa postura en Periodismo de inmersión para desenmascarar la realidad (Comunicación Social, 2013).

Escrita a cuatro manos por estos dos periodistas y profesores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla, la obra vio la luz para luchar contra las tinieblas que acechan a la labor informativa en la actualidad, sumándose a la extendida denuncia de que la velocidad en la transmisión va en detrimento de la calidad. Es por esto que sus autores lamentan la cada día más escasa oportunidad que los medios ofrecen a géneros periodísticos –materia que imparte Fernández Barrero– como la crónica o el reportaje, pues estos exigen un llegar tarde aposta y una pausa en la confección. «Un estilo reposado, al igual que el buen tequila», bromeaba López Hidalgo durante la presentación.

Dejando el buen tequila más tarde, ¿dónde queda hoy el buen periodismo? Para los autores del libro, sin duda, es merecedora de ese adjetivo aquella táctica, estrategia o modelo periodístico conocido por el nombre académico de periodismo de inmersión; que no es más que, sencillamente, la aspiración de saltar sobre el dato fácil y e introducirse en las entrañas de las historias como «forma de experimentar y comprometerse con la realidad», aunque en la práctica no sea tan sencillo y entrañe ciertos riesgos.

Y llegamos como es habitual al binomio redundante periodismo-compromiso. Para el dramaturgo Juan Mayorga, el teatro es un arte político, esto es, que no es posible hacer teatro y no hacer política, y la representación –a pesar de ser género de ficción, o precisamente por ello– es el método por el que se trata de hacer visible al público una realidad que estaba oculta; de modo que el compromiso consiste en desvelar una realidad enmascarada. La idea de Mayorga puede aplicarse también al periodismo si decimos que el periodista puede, como el actor, sumergirse y representar un papel para ser invisible –que no debe confundirse con encubrirse– y destapar una realidad que permanecía oculta para su público, en este caso, la sociedad.

Periodismo de inmersión para desenmascarar la realidad | © César Caso, 2014

Ahora bien, en Periodismo de inmersión para desenmascarar la realidad no solo se llama la atención sobre el periodismo en profundidad basado en técnicas de investigación, podría decirse, casi detectivescas. Hay situaciones para las que el lenguaje informativo y referencial se demuestra ineficaz o insuficiente, y entonces los atributos, las actitudes y el tratamiento propio de la literatura se revelan como los mejores métodos para penetrar en las historias, a la vez que como una manera muy efectiva de enganchar estéticamente al lector y hacerlo partícipe de ellas. El Nuevo Periodismo norteamericano del siglo XX y la Crónica Latinoamericana del XXI son dos corrientes que Hidalgo y Barrero consideran representativas de esta idea.

Como dejó escrito Vargas Llosa hace un tiempo entre las páginas de El País, «el periodismo puede ser también una de las bellas artes y producir obras de alta valía, sin renunciar para nada a su obligación primordial, que es informar». Por eso el buen periodista que investiga a fondo un asunto puede sumerge en él e incluso ofrecerlo desde un enfoque sumamente personal, sí, pero ello no significa que interfiera entre la noticia y el lector: sabe que lo importante es el acontecimiento, no el hecho de que él haya conseguido revelarlo.

Cuando el periodista supedita su posición de observador privilegiado –y, dicho sea de paso, su vanidad y egolatría– al respeto por los hechos y sus verdaderos protagonistas, el resultado no puede ser sino positivo. Ya advirtió Camus desde Combat que «de este oficio, a la jactancia o la tontería no hay más que un paso». Esta afirmación no conlleva que tenga que dar por válido el muy caducado mito de la objetividad, sino que será su esfuerzo por entender aquello de lo que es testigo, y ofrecerlo sin desechar ninguno de sus matices, lo que hará que la sociedad disponga de una fuente más rica de recursos para conformar una visión poliédrica y más completa de la realidad.

Desde la izquierda: López Hidalgo, Paco Correal (Diario de Sevilla) y Fernández Barrero | © César Caso, 2014

Pero yo he venido a hablar de mi libro, dijo uno de los grandes, así que volvamos a la cuestión. Hidalgo y Barrero son, como se ha dicho al principio, además de periodistas, profesores de periodismo. Saben que una de las tareas pendientes de las facultades de periodismo es, paradójicamente, enseñar el trabajo de otros periodistas, por eso la obra nace también como «reclamo para motivar al alumnado» e incitarlo a que descubra los caminos que se alejan del trivial teletipo institucional, como en su día hicieron los protagonistas que han querido recordar en esta obra.

Frente a la insistencia que en las facultades se hacen con la cronología del invento de Gutenberg –¡durante tres cursos seguidos!– o la enorme utilidad de aprender a escribir código HTML, los autores proponen la alternativa de destacar nombres de ayer y hoy cuyo conocimiento sí deberían ser materia imprescindible para todo estudiante de periodismo que pretenda considerarse como tal: la lectura de los trabajos de Hunter S. Thompson, Leila Guerriero, Gabriela Wiener, Günter Wallraff o Nellie Bly podrá no responder al utilitarismo intelectual que las facultades de periodismo parecen perseguir pero, sin lugar a dudas, conseguirá que los futuros periodistas se reafirmen en su convicción de haber elegido «la profesión más bella del mundo». Y en los tiempos por los que corre la profesión, ¿a alguien se le ocurre algo más útil que eso?

Presentación del libro ‘Periodismo de inmersión para desenmascarar la realidad’ | © César Caso, 2014

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