Jornadas 'Estudiar y ejercer la comunicación hoy'

Periodismo radiofónico (y III): No es país para apasionados

  • Jesús Quintero levantó expectación y satisfizo lo que los estudiantes ansiaban: conocer el testimonio directo de una persona que ha conocido todo tipo de situaciones frente a los micrófonos y las cámaras
  • Frente a la mayor carga de rigurosidad y disciplina que otros invitados recomendaron, Quintero defendió la pasión y la sentimentalidad como primeras y mejores bazas del periodista

Jesús Quintero, Ramón Reig y Samanta Villar | © César Caso, 2014

 

Probablemente sea reduccionista definir la trayectoria y la actitud de un comunicador como Jesús Quintero (San Juan del Puerto, Huelva, 1940) con una sola palabra, pero pasión es con total seguridad la que más se acerca. Presentar a estas alturas a un periodista tan reconocido y aclamado como El loco de la colina sería una tarea absurda y ya están inventadas las hemerotecas. Valga recordar que un personaje tan sujeto a sus propias convicciones, tan íntegro con su forma de pensar y al mismo tiempo en perpetua rebeldía, no puede más que agenciarse entusiastas incondicionales o detractores intransigentes.

Dijo la escritora mexicana Elena Poniatowska, maestra también de la entrevista, ese género que Quintero domina como pocos, que «soy lo que soy por las miles de voces que he escuchado». Uno intenta desnudar al periodista para quedarse con la persona y se da cuenta entonces si de verdad hay solo una persona o está ante un Perro verde hecho de infinitas piezas de recuerdos, miedos, miradas, risas y voces; sobre todo, voces.

Porque para este Vagamundo, para quien la radio siempre ha sido el medio de comunicación por antonomasia, «en la actualidad está llena de especialistas en la nada». El onubense, que se acercó por vez primera a un micrófono «en la radio franquista», se queja de que hoy escuche a los locutores y no sienta nada, pues en aquellos tiempos en los que la libertad estaba bajo vigilancia «al menos había grandes voces que tenían un estilo propio», que sabían contar las historias con ardor y transmitirlas con vida a los oyentes.

Sin embargo, el ratón colorao sí ha creado escuela con su personalísimo estilo de entrevistas, por lo que la pregunta de un estudiante acerca de qué era la entrevista para él, cómo la abordaba y cómo la consideraba era una parada obligatoria. Dijo que ésta era «un poco como el toreo: algunos pases por allí, otros más allá… Y, al final, la estocada, que no me gusta y siempre trato de evitar». Para Quintero la entrevista debe ir más allá de una trivial encuesta: cuando la entrevista entra en un encuentro apasionado entre los dos personajes, es cuando sale de verdad. Y es entonces cuando surge el rasgo más distintivo del quinterismo: el silencio.

«El silencio en la entrevista viene impuesto por ella, no lo creo yo como táctica, técnica narrativa o porque haya hecho diez años de psicoanálisis», aclara. «Mi silencio es el silencio que una respuesta brillante, insuperable, provoca; y lo dejo ahí para que el espectador se quede con esa respuesta y participe involucrándose».

Jesús Quintero y Antonia Nogales (moderadora) | © César Caso, 2014

Todo espectador, lo apruebe o lo rechace, estará de acuerdo en que Quintero eleva la entrevista a la categoría de confidencia entre iguales, que consigue algo tan complicado como no caer en la banalidad y trascender lo epidérmico, y que nunca olvida la finalidad de presentar al personaje —por muy relevante que sea— humanizado, aferrándose siempre a unos principios éticos que renuncian a la menor oportunidad de dar esa estocada a la que se refirió. En pocas palabras, consigue con la entrevista lo que Martín Caparrós rotuló como «una falsa amistad efímera», aunque borrando de la denominación la mayoría de veces el primer adjetivo.

También en televisión Jesús Quintero confía toda su suerte a la pasión con que transmite su verdad. «Yo quiero sacar el alma, no retratarla», explica, porque «un hombre diciendo cosas desgarradas en primer plano en televisión siempre es algo apasionante».

«Recuerdo que cuando hice Cuerda de Presos cambié de realizador al poco tiempo, porque cuando llegaba a las cárceles estaba más preocupado en tomar imágenes de la propia cárcel, de la basura… Y un día le dije: “oye, ¿a ti no te basta que a quien voy a entrevistar haya matado a trece personas? ¿No es mejor que cojas la cara del tío, que es una cara que no se parece a ninguna otra cara?” Entonces se cambió de realizador y pregunté por el plano Melgar

© César Caso, 2014

¿Qué camino debe tomar la comunicación? Jesús Quintero cree que falta una apuesta institucional por la cultura a todos los niveles y especialmente en el caso de los medios de comunicación, ya que «la televisión basura ha hecho una sociedad basura». Él seguirá siendo el mismo Lobo estepario que, desde la soledad y la intimidad de las noches, invita a cambiar de canal a quien vaya buscando la violencia, la vulgaridad y lo obsceno; a quién le resulte insoportable enfrentarse con un hombre que está desnudo de alma ante una cámara o un micrófono.

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